| Historia de su vida |
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Por: David Martín del Campo Hay que imaginar a esa niña de ocho años lavando trastos en la cocina. Se trata de una niña tímida, sin lugar a dudas, los ojos morenos que van del plato al chorro del grifo, del agua a la escobilla mientras canturrea con sus hermanas aquello que “el comal le dijo a la olla: Oye olla, oye, oye... Si te has creído que yo soy recargadera, búscate otro, que te apoye...”
Las melodías de Francisco Gabilondo Soler, el mítico “Cri-cri”, alimentan su infancia entre ilusiones y libros escolares. "¿Para qué he nacido yo?", se pregunta la niña luego de secarse las manos en el trapo de cocina, y al llegar a la sala se topa con sus hermanos,
![]() con el tío Servando que ya ha organizado un concurso familiar en el que cada cual canta lo mejor que puede. Cuando toca turno a la pequeña Eugenia, que se entrena secretamente escuchando las melodías de la XEW, la niña suelta aquella frase clásica de Manuel Esperón: “Yo quiero ser un solo ser y estar contigo...”, y no sabe qué hacer con las manos. Sin embargo, segundos después una de esas voces adultas la interrumpe igual que un cubo de agua: “¡Ya!, mejor cállate... cantas más desafinada que mi bicicleta”.
Los demás ríen y la niña Eugenia, que no sabe qué hace con las manos, se queda viendo a ese público multitudinario, por miles que la festejan a orillas del Guadalquivir. Es el año de 1985 y acaba de ganar el Festival OTI en Sevilla. Ha pasado el tiempo, sí, y la suya es la voz más hermosa de su país. Entre lágrimas y ovaciones, Eugenia León otra vez no sabe qué hacer con las manos. FUGA Y SOLEDAD La biografía de una cantante como ella se ve cargada abruptamente de adjetivos: “romántica, sublime, fulminante, multisonora, apasionada”; de modo que la Eugenia León real y la que promueven las agencias publicitarias quedan frente a frente, igual que un juego de espejos. Hay algunos datos concretos, definitivos, en la vida de Eugenia León. A los 18 años dejó la casa familiar y en dos años no volvió a ver a su padre. Hizo, en aquellos tiempos de sobrevivencia rebelde, un poco de todo: trabajos secretariales, operaria fabril, demostradora de ropa, recepcionista, y en sus ratos libres cantar o tararear; las canciones le permitían un respiro de nostalgia, de ensoñación, mientras duraba la rotación de aquellos discos de acetato, arcanos ya, a 33 r.p.m. ![]() Fueron los años juveniles de errancia y “talacha”, como ha señalado en varias entrevistas, aprendiendo de la vida a golpes y sorpresas. “Lo que me quedaba, luego de aquellas jornadas fatigosas, era mi propia sed de felicidad y de goce, pero no sabía cómo hacerle para regalar ese abrazo que deseaba compartir con los demás”. La respuesta vino con el tiempo. Al mediar los años 70, animada por su hermana Margarita,
fundaron el Grupo Víctor Jara,
![]() que se especializó en la canción folclorista y latinoamericana. Eran los tiempos de las “peñas” nocturnas de charango y quena, el gobierno de la Unidad Popular en Chile, Mercedes Sosa, la trova cubana, el sandinismo y “Cristo ya nació, en Palacahuina”. Todo aquello la llevaría, poco después, a integrarse como vocalista del conjunto Sanampay.
![]() LA LUZ DE UN FANDANGO Egresada como era de la Escuela Nacional de Música, donde avanzó su formación artística arrebatándole tiempo al sueño y a los compromisos, la entusiasta Eugenia sintió que era el momento de intentar el vuelo con las propias alas. Su amistad con jóvenes compositores como Marcial Alejandro, Jaime López, Pepe Elorza y Guillermo Briseño le dio la suficiente confianza como para grabar su primer disco, en 1982, titulado “Así te quiero”. Curiosamente este disco salió un año después. Eugenia empieza a darse cuenta que su relación con las disqueras no va a ser fácil.Poco a poco, disco a disco, Eugenia León fue confirmándose como una voz original, muy dueña de su registro y, sobre todo, versátil como pocas. “Su canto es un rezo donde las palabras tienen que ser pronunciadas con definitiva claridad... su disco es una lectura lineal, armónica. En eso reside su belleza”, reseñó el comentarista de música Víctor Roura. Eugenia, un tanto sorprendida por aquel primer éxito, confesó en una entrevista: “Quizá mi imagen pública no sea la más correcta, ni la más prudente. Soy imperfecta, lo reconozco, y no quiero fingir lo contrario. Lo único que no puedo evitar: que yo soy mi voz”. ![]() Otro disco, otra experiencia. En 1984 aparece la producción “Luz”, como una suerte de homenaje al maestro Mario Ruiz Armengol, el de Ternura y Muchachita. Y lo que vino después de aquellos primeros discos fue confirmado en 1985 con el galardón del Festival OTI en Sevilla:
una sucesión de apuestas, desafíos y buen tino. Al interpretar aquella melodía que fue un himno generacional, El fandango aquí -- compuesta por Marcial Alejandro--, Eugenia León confirmó su presencia en los escenarios. La privilegiada voz que posee, y una personalidad que va del desafío a la ternura, de la cachondería al grito despechado de la canción ranchera, perfilaron su personalidad como intérprete. Pasar lista de los compositores que le han prestado su rima equivale a un tour más que sentimental: Agustín Lara, José Alfredo Jiménez, María Grever, Armando Manzanero, Consuelo Velázquez, Rubén Méndez, Cuco Sánchez y Gabriel Ruiz por mencionar a los señeros.
Luego vendrán las series de conciertos en homenaje al yucateco Armando Manzanero y a Don Francisco Gabilondo Soler, el entrañable “Cri-cri”.
“andan las brujas por las ventanas...”, que se preguntaba si el universo sería como una cebolla, “todo puesto capa tras capa”, que temía a la oscuridad y la desafiaba “dando pasitos de corredor en corredor”, que tarareaba para sí las melodías de la radio a ![]()
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Curiosamente este disco salió un año después. Eugenia empieza a darse cuenta que su relación con las disqueras no va a ser fácil.
una sucesión de apuestas, desafíos y buen tino. Al interpretar aquella melodía que fue un himno generacional, El fandango aquí -- compuesta por Marcial Alejandro--, Eugenia León confirmó su presencia en los escenarios. La privilegiada voz que posee, y una personalidad que va del desafío a la ternura, de la cachondería al grito despechado de la canción ranchera, perfilaron su personalidad como intérprete. Pasar lista de los compositores que le han prestado su rima equivale a un tour más que sentimental: Agustín Lara, José Alfredo Jiménez, María Grever, Armando Manzanero, Consuelo Velázquez, Rubén Méndez, Cuco Sánchez y Gabriel Ruiz por mencionar a los señeros.
y un año después “Ven acá”, homenaje al compositor de la jarocha languidez, Agustín Lara. 



