Juego con fuego , 1991
Presentación
La pasión según Eugenia
"El paso del placer no deja huella en la memoria, por eso estamos atados a la esclavitud de buscarlo la vida entera, se ha dicho. Es difícil imaginar, antes de caer en su sortilegio, que a Juego con Fuego el placer lo habite tan abierta, impune y completamente.
"Te quiero tanto que me espanta tanto amor, te quiero tanto que me encanta mi temor", canta Eugenia León, envidiable protagonista de pasiones que a nosotros sólo nos ha sido dado escuchar, A menos que uno se atreva a asumir el escandaloso compromiso de intensidad que Eugenia, "con el cuerpo hinchado de pasión", propone.
No sé qué tan "novedoso" resulte este Juego con Fuego, el recientísimo trabajo de Eugenia León. Seguramente lo es, pero en su caso poco importa; no es su probable novedad lo que nos mueve, sino su rara capacidad de tocar, acariciar, arañarnos las entrañas.
Tampoco dudo que, a estas alturas, Eugenia muy bien conozca las crueles seducciones que su sola voz motiva. Ello explicaría su inocultable placer al pronunciar enteras las palabras, dotándolas de la textura de un cuerpo y la elasticidad de un sueño. Eugenia canta, dice, pronuncia, y súbitamente el castellano, idioma de clérigos y cruzados, despierta, se retuerce de gozo, hace sonoros alardes de su innata majestad.
Majestuosa, esa es una buena palabra para referirse a esta grabación que se ha nombrado Juego con Fuego y a la que, luego de ser inevitablemente seducido por ella, podría bautizar de infinitas maneras.
Juego con Fuego: pasión recién despierta, suave nostalgia de los besos evaporados por la ausencia, historia de un cuerpo que se escapó de su alma para encontrar a un alma sedienta de otro cuerpo, crónica de trágicas sonrisas y hermosísimos cadáveres, testimonio de entrega, acta de intenso amor, ola intrusa que inunda las indefensas costas de nuestros sentidos.
Cuando se está sumergido en el placer hipnótico del que toda esta pasión es causante, pueden olvidarse cosas tan importantes como el que, para jugar o con fuego, Eugenia León haya tenido que tomar grandes riesgos, como explorar por los vaivenes del Tango, recorrer los temblorosos túneles que cruzan los versos de Ramón López Velarde, perderse entre las vísceras enamoradas de Jaime Sabines. Dicho de otro modo, la aventura de enfrentarse con el canto a los abismos y regresar mas vivas que antes.
Seguramente Eugenia León, al hacer este disco, sintió más de una vez que le quitaban el piso. Ahora, cuando es ella quién nos lo quita a nosotros, es difícil y tal vez también torpe intentar precisiones, decisiones, conclusiones sobre un trabajo tan felizmente lunático, tan repleto de feminidad nocturna. No creo, pues, que Juego con Fuego nos permita otra cosa que la más pura e indefensa adoración, sometida por el urgente deseo de un placer imposible: subir a la alta noche y tocar con su voz, como se tocan durante el sueño las estrellas.
Xavier Velasco
"El paso del placer no deja huella en la memoria, por eso estamos atados a la esclavitud de buscarlo la vida entera, se ha dicho. Es difícil imaginar, antes de caer en su sortilegio, que a Juego con Fuego el placer lo habite tan abierta, impune y completamente.
"Te quiero tanto que me espanta tanto amor, te quiero tanto que me encanta mi temor", canta Eugenia León, envidiable protagonista de pasiones que a nosotros sólo nos ha sido dado escuchar, A menos que uno se atreva a asumir el escandaloso compromiso de intensidad que Eugenia, "con el cuerpo hinchado de pasión", propone.
No sé qué tan "novedoso" resulte este Juego con Fuego, el recientísimo trabajo de Eugenia León. Seguramente lo es, pero en su caso poco importa; no es su probable novedad lo que nos mueve, sino su rara capacidad de tocar, acariciar, arañarnos las entrañas.
Tampoco dudo que, a estas alturas, Eugenia muy bien conozca las crueles seducciones que su sola voz motiva. Ello explicaría su inocultable placer al pronunciar enteras las palabras, dotándolas de la textura de un cuerpo y la elasticidad de un sueño. Eugenia canta, dice, pronuncia, y súbitamente el castellano, idioma de clérigos y cruzados, despierta, se retuerce de gozo, hace sonoros alardes de su innata majestad.
Majestuosa, esa es una buena palabra para referirse a esta grabación que se ha nombrado Juego con Fuego y a la que, luego de ser inevitablemente seducido por ella, podría bautizar de infinitas maneras.
Juego con Fuego: pasión recién despierta, suave nostalgia de los besos evaporados por la ausencia, historia de un cuerpo que se escapó de su alma para encontrar a un alma sedienta de otro cuerpo, crónica de trágicas sonrisas y hermosísimos cadáveres, testimonio de entrega, acta de intenso amor, ola intrusa que inunda las indefensas costas de nuestros sentidos.
Cuando se está sumergido en el placer hipnótico del que toda esta pasión es causante, pueden olvidarse cosas tan importantes como el que, para jugar o con fuego, Eugenia León haya tenido que tomar grandes riesgos, como explorar por los vaivenes del Tango, recorrer los temblorosos túneles que cruzan los versos de Ramón López Velarde, perderse entre las vísceras enamoradas de Jaime Sabines. Dicho de otro modo, la aventura de enfrentarse con el canto a los abismos y regresar mas vivas que antes.
Seguramente Eugenia León, al hacer este disco, sintió más de una vez que le quitaban el piso. Ahora, cuando es ella quién nos lo quita a nosotros, es difícil y tal vez también torpe intentar precisiones, decisiones, conclusiones sobre un trabajo tan felizmente lunático, tan repleto de feminidad nocturna. No creo, pues, que Juego con Fuego nos permita otra cosa que la más pura e indefensa adoración, sometida por el urgente deseo de un placer imposible: subir a la alta noche y tocar con su voz, como se tocan durante el sueño las estrellas.
Xavier Velasco
Créditos
Grabado: Estudios Rounhouse y Abbey Road en Londres, y en O/D y Kirios en Madrid en 1991.
Producción: BMG Ariola
Realizado por: Oscar Gómez.
Arreglos: Oscar Gómez, Graham Preskett y Juan Cerro
*Basado en el arreglo original de Omar Guzmán
Músicos:
Neil Wilkinson: Batería
Andy Pask y Paul Westwood: Bajo
Mitch Dalton: Guitarra acústica
Nigel Jenkins: Guitarra eléctrica
Juan Cerro: Guitarra española y acustica
Henry Díaz: Percuciones
José Medrano: Trompeta
Alfredo Márquez: Trombón
Manolo Morales: Saxo
Graham Presket: Piano, teclados, mandolinas, violín y armónica
Carlos Gómez: Piano, teclados y calvarios
Coros: María Lar, Maisa Hens, José Morato y Juan Carlos Nieto
Asistente de Producción: Juan Carlos Nieto
Organización de Producción: Crab Producciones
Fotografía: Adolfo Pérez Butrón
Diseño Gráfico: Mireles Cemaj. S.C.
Maquillaje: Alan Simancas
Coordinación: Patricia Vargas
Vestuario: Leonor Ortíz
Agradecimientos
Adolfo Pérez Butrón, Ignacio Maqueo, Juan Manuel Santín, Omar Guzmán, Rocío Domene, Enrique Nery, Arturo Guzmán, Miguel Angel Sameri, Narci Antonio Morel, Guillermo Brsieño, Gerardo Bátiz, Kiko Campos, Fernando Riba, Humberto Alvarez, Rosa María Rocha, Emma León, Alberto Araluce, Carlos Garcia, Miguel Silva, y... todos los amigos que, de u otra forma, han colaborado en este proyecto.
02 Historias de amores
Historias de amores
(Rolando Paredes/Margarita León)
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09 El piano de Genoveva
El piano de Genoveva
(Ramón López Velarde/David Haro)
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11 Yo no lo sé de cierto
Yo no lo sé de cierto
(Jaime Sabines/David Haro)
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12 Para hacer que tú vengas
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(David Haro/Alain Derbéz)
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